1. Economía 3.0 - Ups, lo hicieron otra vez

    Antes, mucho antes de agarrar un teclado con el fin de intentar conseguir chicas, se me dió por estudiar la Licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires.

    Al margen de por qué abandoné la idea de ser Economista (que no viene al caso) cada tanto me llueven en la cabeza algunas de las enseñanzas que el profesorado impartía por esas épocas. Para ponernos un poco en contexto, yo asistí a dicha facultad a fines de los 90, con el Menemato llegando a su fin, y cuando la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA era algo así como un bastión de la escuela de los Chicago Boys.

    Aún así, y por suerte, muchos profesores insistían en que la Economía en sí no era el mercado financiero, sino la producción de bienes y servicios. Hasta ahí genial.

    Por otro lado, había un fuerte hincapié en que el problema en países como el nuestro, con una fuerte economía primaria, era que debían industrializarse fuertemente para poder crecer. Y esto también era genial, y cierto, hasta hace escasos 15 años.

    ¿Qué pasó en el camino?

    Bueno, para darnos una idea, hoy en día comprar una empanada en la calle cuesta entre 3 y 5 pesos. Una hamburguesa, entre 8 y 16. Lo más seguro es que aquel que vende la empanada a 3 pesos tenga un costo para producir la misma de 2 pesos.

    También hoy en día, comprar un CPU Cortex-A8, como el que equipa la mayoría de los smartphones modernos, cuesta entre 2 y 3 pesos la unidad, al mayoreo. Y si hablamos del CPU de un teléfono “no inteligente” directamente no lo podríamos comprar por unidad a menos que consigamos las ya extintas monedas de 1 centavo.

    De nuevo: ¿qué pasó en el camino?

    La primera respuesta que me viene a la cabeza es que se “comoditizó” casi todo el sector industrial. Si hoy uno va a comprar un automóvil Ford al contado, cash, peso sobre peso, Ford no gana un centavo. El negocio para ellos es venderlo en cuotas, mediante Ford Credit. Así, Ford no fabrica más coches: es una financiera.

    Y en cierto modo todo esto tiene sentido. El sector secundario se nutre básicamente de materias primas, capital, y conocimiento. El capital aunque no parezca abunda y, cual epiléptico, si se queda quieto se muere. El conocimiento, caro de obtener, reduce su valor a la mitad cada vez que se duplica y en cambio, la materia prima (e incluyo aquí a la mano de obra), cuesta siempre lo mismo, o hasta aumenta su valor a medida que aumenta la demanda del sector industrial.

    La vieja historieta de “vendemos lana a Inglaterra y les compramos pulóveres”, tan usada en mi adolescencia para graficar nuestro destino como país esclavo, se está cayendo a pedazos. Hoy en día el pulóver lo fabrica en China un operario con un sueldo pre-peronista, y nos sale mas barato comprárselo a él que hacerlo nosotros con nuestra propia lana.

    La falsa primavera

    En este contexto, Latinoamérica está de fiesta: tiene materias primas, tiene mano de obra. El Primer Mundo sigue fabricando lo que vino fabricando siempre: deuda. Y ahora están viendo cómo hacer para cobrarla. Mientras tanto el polo industrial del planeta sigue fabricando cosas, avanzando también, por supuesto. Todo está bien, el mundo es un lugar mas justo. ¿Pero hasta cuándo?

    Commodities 2.0

    Enfoncando esto al plano meramente informático (que es el ambiente que manejo), se observa a la clara que cada día más la tasa de commoditización crece:

    - hardware: lo primero en convertirse en commodity, con los chips baratos, memoria barata, etc. Si hoy en día se invierte en R&D en hardware no es por las ganancias que pueda dar con las ventas, sino por las ventajas competitivas que pueda llegar a dar en la capa comercial: por ejemplo Apple invierte en memoria flash para tener mejores teléfonos, que vende con un markup impresionante. No para vender memoria en sí.

    - software: ¿sabés quién hizo que hoy puedas tener un smartphone a 400 pesos en cuotas? Sí, nosotros, la izquierda (?). Si bien el software sigue siendo el mayor generador de valor agregado de la actualidad, la realidad es que todos los fabricantes utilizan una misma base común apoyada en el Software Libre. El software elemental y de base ya es libre, de todos, y gratis.

    - servicios de nube: ah, ésta no la tenías, chiquilín. Software de nube (y esta es una clasificación puramente inventada) es ese software que usás a diario y sin el cual no podés vivir: Facebook, Twitter, Gmail, Flipzu (?), etc. Hoy en día estas empresas tratan de hacer un negocio y crear el mango a partir de los dos commodities previamente citados, pero sin querer ni darse cuenta, se están metiendo en una trampa que va a ser difícil de salir. Salvo, claro, que seas ya un monstruo enorme como Facebook.

    Economía 3.0, los nuevos commodities

    Soja, maíz, trigo, carne, leche. Todas cosas indispensables. Ninguna de esas cosas son necesarias (al menos directamente) para que funcione un sitio de Internet. Por lo tanto, digamos que en la era digital los recursos primarios son:

    - Ancho de Banda.

    - Almacenamiento.

    - Capacidad de procesamiento (CPU).

    Y no hay nada de esto, NADA, que puedas conseguir en el negocio de computación de tu barrio. Ok, tal vez podés comprar un poco, a precio muy caro, y tratar de construir un sitio web que reciba, cuánto, ¿10.000 visitas al mes? ¿50.000?

    Hoy en día, si querés tener algo realmente en serio, tenés que comprarle estos tres recursos a los proveedores por excelencia: Amazon y Google. Que como son copados, te cobran lo que consumís, por lo cual podés empezar con poca guita y, si te va bien, ir pagando cada vez más.

    Entonces, mas allá del sitio web que tengas, en realidad sos un reseller de productos de Amazon o Google. Si atender un usuario te cuesta 1 centavo, tenés que tratar de al menos ganar lo mismo con su visita. Si te va bien mejor para Amazon, y si te va mal bueno, Amazon tampoco perdió nada.

    Los nuevos commodities y el malo de Fibertel

    Y acá entra la otra pata de la ecuación, que afecta también al ciudadano de a pie: cuando vos contratás un proveedor de Internet (ISP), como ser Speedy, Fibertel u otro, y te cobran 150 pesos al menos, ese precio viene de un cálculo que estima el uso que le vas a dar. Básicamente: cuánto contenido de Argentina vas a consumir, y cuánto del exterior. Esto es importante porque a su vez el ISP tiene que comprar el tráfico internacional que Argentina consume. No es raro por esto que tal vez entrar a un sitio local sea rápido, pero ir a uno del extranjero sea una carreta.

    Un ejemplo práctico: en Flipzu transmite, todas las mañanas, Radio Metro 95.1 su programa Perros de la Calle. Este contenido, generado en el barrio de Colegiales, viaja hasta la costa Este de los EEUU y desde allí se transmite, multiplicado, a los oyentes de radio Metro, la mayoría también en Argentina. Ridículo, ¿no?

    Con esto, no sólo el tráfico realiza un viaje sub-óptimo desde el punto de vista técnico, sino que también el ISP gasta más “tráfico internacional”, y colabora al aumento de tu factura en el servicio de Internet.

    "¿Por qué no tienen los servidores en Argentina, caretas?" es la pregunta obvia. Y la respuesta es mas simple: en Argentina no hay un proveedor de servicios de computación en nube lo suficientemente grande y barato como para soportar un sitio de proyección global. No sólo es cuestión de apilar máquinas en un estante, es un servicio con una ingeniería enorme atrás que se adapta elásticamente a la demanda, y esa tecnología sólo es posible hoy en día con un proveedor como Amazon, Google, y en menor medida un puñado de proveedores. En todo el planeta. ¡Y no hay más!

    Conectar Igualdad y la Nube Latinoamericana

    Y en este párrafo final hablo sobre mi sueño. Sé que un país en Argentina es muy pequeño tal vez para que haya una empresa que pueda competir contra Amazon en servicios de computación en nube.

    También confío plenamente en programas como Conectar Igualdad. Vale recordar mis dos años trabajando en el Proyecto gnuLinEx para la Junta de Extremadura en España. Realmente creo que es un buen camino.

    Pero ahora mismo me estoy dando cuenta que la nueva soja, el nuevo trigo, se está fabricando lejos de aquí. Y lo está haciendo Amazon, lo está haciendo Google.

    Y me parece que vale la pena discutir, discutir al menos, la viabilidad de un proyecto de Servicios de Computación en Nube que sirva a los países de la región. Un servicio escalable y competitivamente económico no sólo serviría a empresas locales, sino también a todas aquellas empresas que hoy en día tienen que poner su contenido en EEUU para ser consumido en este continente. Empresas de Rusia, de Africa, de Asia, de Oceanía. 

    Por mi parte sé que si pudiera montar Flipzu en un proveedor de servicios en nube local lo haría. Y lo mismo muchas empresas de la región que conozco. 

    Creo, estoy convencido, que si esto se puede llegar a hacer, Sudamérica no sólo sería el granero del mundo, sino que hasta podría ser el Data Center del mundo.

    La industria informática de la región necesita recursos en nube locales. Tenemos manos de obra, tenemos educación. Nos falta la Nube Latinoamericana.

    Un saludo.

    hace 2 años  /  0 notas

  2. A por ellos, oé…

    Cómo extraño España. Hace más de tres años que me fuí, y sin embargo todavía pienso en su clima, sus ciudades y, por sobre todas las cosas, su gente. Nunca voy a olvidar aquellos dos años de mi vida que pasé en Mérida, la capital extremeña, que llegué a sentir como mía tanto como cualquier extremeño más. Para ilustrar mejor la amabilidad de estas personas, basta decir que, al mes de haber llegado yo a dicha ciudad, salí por primera vez de bares y solo me bastó entrar a un lugar, pedir mi primera cerveza y decir mi primer“hola” a un grupo de individuos, para que éstos me adoptaran como propios y así mantener una amistad que al día de hoy perdura.

    Irse a Mérida, como me fui yo, viniendo de una metrópolis de más de 13 millones de habitantes, e instalarme en una pequeña ciudad de 50 mil, era riesgoso. Caí con todo mi sudaquismo en una mochila y me encontré con una cultura muy, pero muy similar a la mía, pero alegre, feliz de vivir la vida y abierta a todo aquel que quisiera adoptarla.

    Siendo totalmente sincero, pensé en quedarme allí para siempre, mandar a la mierda mi Universidad, mis cien barrios porteños; abandonar el tango y bailar la jota extremeña. Pero lamentablemente, un día mis planes se fueron a la mierda. Allí, a comienzos del año 2006, abro el diario y leo lo siguiente:

    Lista de convocados por USA para el Mundial FIBA 2006

    LeBron James, Dwyane Wade, Carmelo Anthony, Shane Battier, Brad Miller, Dwight Howard, Chris Bosh, Elton Brand, Antawn Jamison, Kirk Hinrich, Chris Paul, Joe Johnson.

    Recuerdo haber leído esa lista dos, tres veces, tal vez más. No lo podía creer. “Estos tipos son unos pelotudos” me dije. “No llevan ningún base como la gente”. Acto seguido miré por la ventana, hacia la hermosa vista al Río Guadiana que se apreciaba desde mi departamento. Giré la cabeza, y al fondo estaba la habitación. Me dirigí hacia ahí y, con un agujero en el corazón y los ojos llenos de lágrimas, empecé a armar la valija.

    Para el que no sabe mucho de basquet, le explico: en los torneos internacionales FIBA, lo más importante es el base, el armador, mientras que en la NBA predomina más el juego interior. Al llevar bases morfones, Estados Unidos estaba sepultando su chance de medalla. No por nada el denominador común de los dos únicos primeros puestos de dicho país en la década es Jason Kidd, un armador de pura cepa.

    ¿Y por qué es importante esto? Como comenté antes, en Extremadura fui adoptado como un hijo más. También comenté que su cultura es muy similar a la argentina, pero sin sus vicios típicos. Y así como está el chiste de que un uruguayo es un argentino que nunca fue a París, bien puede decirse que un español es un argentino que nunca ganó un Mundial. Pues bien: la mera y sola razón de la bondad española radica en su fracaso deportivo.

    Sin embargo, esa bondad, el Ser Español, se fue viniendo a pique de a poco. Las señales eran evidentes: Alonso ganando carreras, Nadal sacándose los calzones del orto en la cara de Federer, Grecia ganando una Eurocopa y dando a entender que cualquier equipo de mierda puede ganar algo. Debo reconocer, sí, que su selección de fútbol en ese año no estaba ni para jugar en el Nacional B, a pesar de la excitación generalizada por haberle ganado a una potencia como Túnez, y prueba de ello es que me quedé allí durante la Copa del Mundo. Pero en el basquet… el basquet era otra cosa. Ahí había equipo.

    Y así es como volví a Argentina, mi Buenos Aires, y me senté en el sillón a ver el campeonato mundial FIBA 2006. Estados Unidos, como era de esperar, hizo agua frente a una batallante Grecia y en la otra semifinal se cruzaron España y Argentina.

    No le tenía nada de fé a mi equipo nacional, debo decir. Con unos internos ya cuesta abajo, un plantel corto y cansado, no había muchas chances de ganarle a una España muy completa, que para colmo tuvo de hijo de Argentina durante los últimos años. Así fue como España, que había ganado cómodamente todos sus encuentros, se escapaba en el marcador. Pero sin embargo, durante el último cuarto, una gran remontada ponía al mío a tiro, dándonos un final cerrado.

    La definición fue vibrante, sobre todo porque cuando las papas quemaban Pau Gasol, el mayor pecho frío del basket, hizo patria y se mandó solito al banco, en lo que pareció un asunto terminado para Argentina. Aunque para contrarrestar la situación Calderón, gran base si los hay, se acordó de que estaba jugando para España y empezó a errar tiros libres a lo loco. Conclusión: último ataque para Argentina, 1 punto abajo en el marcador. Ginóbili que penetra casi saltando en un tobillo y asiste a Nocioni que, solito, tira de 3 por el pase a la final, la gloria y la salvación de la cultura española toda.

    El tiempo que estuvo ese tiro en su parábola es inexplicable. Por un momento bastante largo me ví a mí mismo comiendo jamón del bueno nuevamente, pero por desgracia la pelota pegó en el parante, España a la final, campeona del mundo y yo haciéndome un sandwich de mortadela en la cocina.

    Puedo decir con certeza que la cultura española fue moldeada mayoritariamente por los romanos, los moros y ese tiro errado de Nocioni. Para colmo de males, en el 2008 España gana en fútbol la Eurocopa, y ya los ánimos ibéricos se fueron por las nubes. Aquella humildad tan adorable de la que me había enamorado se había ido para siempre. A tal punto que, para ilustrar, cuando hace pocos meses España pierde en la Copa de las Confederaciones contra Estados Unidos, aún en la derrota se ve esto:

    Ese asterisco es fundamental. Léase ese “Cura de humildad. Somos los número 1…”(?). Si eso es humildad, yo ya no entiendo nada. Bah, siendo argentino, ni siquiera sé muy bien qué es la humildad, pero aún a mí esa tapa ya me parece demasiado.

    Es por esto que, en vísperas de la próxima Copa del Mundo Sudáfrica 2010, les voy diciendo a todos ustedes, mis amigos españoles, que voy a hinchar por cada equipo al que se enfrente España. Les deseo, honestamente, un derrotero pleno y áspero, que muerdan el polvo contra todos, que sean humillados hasta por Nueva Zelanda. Ojalá, si Dios existe y quiere, vuelvan a ser aquellos simpáticos seres que iban a un estadio de fútbol a decir“oye tío, mira, allí está el Beckham, qué chulo”. Ojalá. Por el bien de su cultura, y porque los quiero, de todo corazón.

    hace 4 años  /  0 notas

  3. Las paradojas de la Lotería

    Qué linda que es la guita. Por más que nos pese, la guita es como el amor, la salud, la juventud, o algún ser querido. En fin, es como todas las cosas importantes de la vida: se extraña cuando no está más.

    Si los placeres básicos del ser humano se pueden resumir en comer, coger y cagar, es evidente que sin plata la existencia estaría basada en la masturbación, limpiarse el culo con la mano y después chuparse los dedos. En síntesis: el dinero es bueno, al menos desde un punto de vista utilitario e indirecto.

    Aunque no absolutamente todo cuesta plata, por suerte. De hecho, hace un tiempo ya un amigo me prestó un libro de Milan Kundera, La Lentitud, donde en un pasaje del mismo se refiere a la Lotería y cómo ésta suele venderse bajo la promesa de que hay doble o triple chance de ganar, sin informar sin embargo sobre las millones de probabilidades de perder. Algo totalmente ligado a nuestra absoluta incapacidad de poder comprender los números grandes.

    Aún así, no fue esto lo que me impresionó de ese breve comentario. Debo reconocer que en cuanto lo leí, lo primero que se me vino a la mente fue la frase:

    “La vida es una Lotería, nunca sabés qué te puede tocar”.

    Pues no señores: si la vida fuese una Lotería, sería una reverenda mierda, porque una definición mas correcta sería:

    “La vida es una Lotería, nunca te toca nada.”

    O peor aún:

    “La vida es una Lotería, nunca te toca nada, pero siempre hay alguno que la ganó en la televisión”.

    Cruda definición, gráfica cual película porno. Ahora bien: ¿qué tiene que ver esto con el dinero? Pues todo.

    Aclaré anteriormente que el dinero es bueno, siempre desde un punto de vista utilitario e indirecto. Lo raro es que, siendo a primera vista tan absolutamente necesario, haya que hacer esta afirmación. Y acá es donde entra en juego la Lotería, con su paradoja: se resalta la chance de ganar, siendo lo más probable perder, y cuando digo probable me refiero ya a términos estadísticos de certeza.

    Entonces, la connotación mala acerca del dinero viene a través de la experiencia, y esa experiencia está relacionada con el nombre que se le ha dado al way of life que tenemos hoy en día: el Capitalismo.

    Sí, sí, y sí, dije “Capitalismo”, y antes de que aquél que lea esto diga “uuhhh, otro zurdito anti-sistema”, ya que leyó hasta aquí, que al menos por el mero instinto de la curiosad vea cómo se aplica la paradoja de la Lotería al Capitalismo.

    No me refiero al Capitalismo definición de régimen económico, purista, referido a la generación de riqueza colectiva a través del intercambio de bienes y servicios, no señor. Me refiero a la acepción popular y callejera de Capitalismo, en la cual se define al Capitalismo como sistema social, y donde también se pone en énfasis que Capital es igual a Dinero. Bajo este punto de vista, que lamentablemente es como se aplica en la actualidad, el Capitalismo cumple perfectamente con la paradoja de la Lotería, en donde se destacan a aquellos que pudieron triunfar bajo el sistema, los Don Carlos, pero no se resalta la consecuencia lógica: la pobreza.

    Y acá está el quid de la cuestión. La pobreza, como se entiende hoy en día, es un patrimonio del Capitalismo moderno. Algunos me dirán “ey, en el Siglo XIX mi bisabuela gallega iba descalza”. Y sí. Pero tampoco se puede negar que, si no existiesen los zapatos, la bisabuela nunca hubiera estado descalza.

    Por lo tanto, siendo la pobreza por definición contraria a la riqueza, y perteneciendo esta última por aceptación popular ligada al Capitalismo, lo mas correcto sería llamar al sistema social actual Pobrecismo. Claro, nadie se imagina a Obama diciendo “tenemos una Democracia Pobrecista muy desarrollada”, y tampoco se pide eso. De hecho, no estoy pidiendo nada (?).

    Por suerte, en las Democracias Pobrecistas desarrolladas, se va tomando conciencia de esto y se toman medidas correctivas, ya que no hay huevos ni muchas alternativas para modificar el problema de raíz. Pero, ¿qué sucede cuando esta paradoja se extiende mas allá del Dinero?

    El Teorema de los Infinitos Monos dice que un mono, tipeando al azar por un tiempo infinito, eventualmente terminará escribiendo cualquier libro. Popularmente, en realidad se dice que “mil monos con mil máquinas de escribir terminarán escribiendo eventualmente un libro ya existente”. Desde un punto de vista probabilístico, es factible, y de hecho ni sorprende.

    Lo que sí sorprende es que no hagan falta mil, sino tan sólo dos monos reunidos por cinco minutos y que sepan lo que es una canción para formar un Lobby como la SGAE, o dos monos que sepan diferenciar un libro de un pisapapeles para que formen otro Lobby como la Cámara Argentina del Libro.

    Y es en este tipo de asociaciones donde los tentáculos del Capitalismo mal entendido hacen mella sobre la sociedad. Digamos, hay algo mas paradójico que una entidad como la Cámara Argentina del Libro que dice esto en su Estatuto:

    “Luchar contra el analfabetismo, la falta de utilización de libros y de otros materiales educativos.”

    Pero que sin embargo luego se dedica a cerrar sitios web creados por profesores para difundir obras de Nietzsche, Heidegger y Derrida entre sus alumnos, sin ningún ánimo de lucro. ¿Así se fomenta la lectura?

    No, si evidentemente en esta Lotería hay doble chance de ganar. Lo que no dicen es para quién.

    hace 4 años  /  0 notas

  4. P2

    Acto 1 - Señorita

    “Suerte que llegué temprano a hacer el check-in y pude elegir asiento. En estos aviones chiquitos de mierda siempre te toca cualquiera lugar. Ahora, al lado de la ventanilla, por lo menos sé que tengo sólo una persona al lado. Por favor, que sea una mujer mayor, un nene o un puto. Lo que sea antes que un tipo baboso o, peor, un viejo verde”.

    “A ver qué me tocó… uuuhhh, ese tipo al lado nooo. ¡La cara de pajero que tiene! Ah no, parece que no se sienta la lado mío, sino en el otro asiento. Igual, me da por las pelotas que me mire las tetas al pasar delante de él. ¿No te podés parar para dejarme pasar, hijo de puta? Nada, a sentarme y a esperar, a lo mejor después se me sienta al lado alguien decente. Yo, mientras tanto, me quedo quietita mirando cómo los maleteros suben las valijas por la ventanilla”.

    “Mierda, ¿y éste que se me sienta al lado quién es? ¿Es indispensable tener *tanta* cara de loco? Nene, ¿qué te pasa adentro de la cabeza que hasta los ojos quieren salir corriendo? Yo no lo puedo creer. Si va a ser siempre así, prefiero irme de viaje en lancha con Daniel Scioli toda la vida. En fin, yo me hago la dormida todo el viaje y a la mierda…”

    “Mmm, ¿qué es ese olor? ¿Me parece a mí o huele a longaniza? No te creo que el tipo de al lado está repitiendo la cena. No, por favor. Yo me sigo haciendo la dormida…”

    “No, ahora sí que no. Esto sí que no lo banco. Huelo a mierda, ¡pero mierda mal! Seguro que el de al lado se cagó. Una se gasta tanto en prepararse para viajar en avión, y al final la pasa como el culo. Yo me sigo haciendo la dormida hasta llegar al aeropuerto. Loco de mierda hijo de puta.

    Acto 2 - Ano

    “Años de oficio, años, y sin reconocimiento. ¡Mirá que yo laburo hermano, eh! Pero nadie me lo reconoce. Es más, en las fiestas, mientras están todos de joda, yo laburo más que todos. Más que el cerebro, ese hijo de puta que se cree gran cosa ahí arriba en el penthouse. Todos se acuerdan de él en un examen de la universidad, al jugar al Sudoku y no muchas veces más. Sin embargo, todo el mundo lo tiene en la gloria. Luego está el riñón. El puto riñón llorón, que se queja de que siempre recibe lo peor. Ojalá yo recibiera unos tragos los fines de semana, ojalá. También están los pulmones. A esos hermanos no los banco. “Ay que el humo, ay que el humo”. Ojalá yo recibiera sólo humo. En cambio, yo, laburo 24×7, todos los días del año. Y siempre tengo que bancarme la peor mierda, en el sentido estricto de la palabra. El hijo de puta que me aloja se mete cada porquería por la boca, y después me la tengo que bancar. Encima siempre tengo que estar listo. De noche, de día, a toda hora. No lo soporto.”

    “¿Qué pasa ahora que siento menos resistencia? Nooo, no te creo que estoy en un puto avión. Odio los aviones: la falta de oxígeno pone a prueba mi musculatura. Esperemos que al menos este sea un viaje tranquilo”.

    “¡Zás! Cagamos. Ahí viene un gas violento.”

    Ano: Negro, disculpame, pero estamos en un avión. No podés pasar.

    Gas: Es que tengo que pasar. Ahí adentro no me quieren, dicen que tengo mal aliento.

    Ano: Lo siento flaco, órdenes de arriba.

    “Ahí se fue el hijo de puta. ¿Quién se cree que es? Voy a relajarme un poco. Uy, pará, ahí viene de nuevo con todo. ¿Me parece a mí o quiere pasar de prepo? ¡Si, quiere pasar de prepo! Voy a hacer fuerza para que no avance. ¡Uuuuggh! Por acá no pasás hijo de puta. Ahí se fue. Viene, no viene….no. Me relajo de nuevo”.

    “Mmm, ¿tengo mala la vista, o ahí vuelve el conchudo? Si, ahí vuelve. Bueno, a laburar. Pará, ¡que viene todo mojado! Mierda, voy a tener que ponerme duro.”

    “No pasás hijo de puta, no pasás… má si, pasá, no me pagan tanto. Aaahhhhh….”

    Acto 3 - Pedo

    “Mamá Pizza de Fugazetta y Papá Fernet me dijeron que es hora de que salga al mundo exterior. Me advirtieron que allá afuera es duro. Sin embargo, tienen plena fé en que estoy listo. Yo, sinceramente, tengo miedo. Nací hace pocos segundos y ya me quieren echar. Acá está tan calentito, tan lindo… no sé. Pero bueno, tampoco me voy a quedar si no me quieren”.

    “Vuelta por aquí, vuelta por allá. La verdad que este camino es largo, y cada vez se angosta más. ¿Habrá algo al fondo? Mis papis me dijeron que al final del camino habría más gente como yo, pero la verdad que todavía no veo nada.”

    “Ahí veo una salida, o algo parecido. ¿Qué es eso claro? ¿Será la tan famosa luz de la cual hablaron tanto mis papis? Voy a tratar de pasar. ¡Opa! No puedo. ¿Y a éste qué le pasa?”

    Ano: Negro, disculpame, pero estamos en un avión. No podés pasar.

    Gas: Es que tengo que pasar. Ahí adentro no me quieren, dicen que tengo mal aliento.

    Ano: Lo siento flaco, órdenes de arriba.

    “¿Quién es el de arriba que da órdenes? No sé. En fin, vuelvo y pregunto”.

    “Acá estoy de vuelta en casa. ¡Mamá, papá! ¿Están ahí?….

    Tío Cirrosis: Pibe, tus viejos fueron. No están más…

    Gas: ¿Cómo que fueron?

    Tío Cirrosos: Si pibe. Del líquido venimos, y al líquido vamos. Lo único que queda de ellos, son estos jugos gástricos.

    Gas: ¡Nooooo! Snif…

    “Bueno, me los llevo conmigo arriba. Mami, papi, vengan conmigo, los voy a llevar con la luz, a ver a Dios. Hasta salir de acá no paramos”.

    Acto 4 - Hombre

    “Esto de viajar en el avión de las 5 de la mañana da por las pelotas, pero al menos dormís bien en el viaje. Por suerte tenía fernet y algo de pizza vieja en casa, cosa de aguantar bien despierto hasta salir al aeropuerto.”

    “A ver mi asiento: el 14. Catorce, catorceeee… acá. ¡Upa! ¿Y esto? Tengo un caramelito al lado. ¡Por fin! Años viajando en avión, siempre al lado de pibes con diarrea, gordos que me ocupan medio asiento. ¡Gracias Dios, hasta que me olvide de esto voy a volver a la iglesia! Me parece que está dormida, pero igual supongo que ya se va a despertar.”

    “Mmmm, ¿y ese olor? ¿Me parece a mí o el tipo al lado se echó un flor de eructo con olor a longaniza? ¡Qué hijo de puta! La mina de al lado va a pensar que fui yo. No me queda otra que reciclarlo, voy a respirar fuertemente para que se filtre el olor de mierda en mis pulmones. Con suerte el gato no lo huele….”

    “La verdad, que ahora que lo pienso, esa pizza vieja estuvo de más. Tengo unas ganas de cagar que no se aguantan. Es más, casi me sale un Boobaloo, uno de esos chicles globo con juguito. Por suerte lo pude mandar para adentro.”

    “¡Mierda! No me puedo dormir ni un segundo. Ahora sí que creo que me cagué encima. Por una vez que me pongo calzoncillos blancos. Lavarlos en el hotel va a ser un quilombo. Por suerte la minita de al lado sigue dormida, y el de al lado sigue mirando la peli fijamente, mientras se tira eructos. Má sí, yo así no puedo dormir. Mejor agarro la compu y escribo alguna boludez para el blog…”

    Telón

    hace 6 años  /  0 notas

  5. 32746

    Dario es mi nombre. Dārayawu ó Dâriûsh, antiguo nombre persa que significa “el que protege del mal”, “el protector” o “aquel que apoya firmemente el Bien”.

    Hace mucho tiempo, siglos antes de Cristo de hecho, los antiguos persas, aquellos del Imperio, grandes avances científicos y de la saga Prince of Persia, le ponían mi nombre a su rey, a fin de ser protegidos del invasor.

    Nombre corto, simple y a veces simpático, es usualmente confundido por el de Diego. Sin embargo, su significado siempre me cayó poético.

    Años pasan de aquel entonces: Alejandro invade Persia, Dario III pasa a llamarse Dario El Cobarde, los romanos sin que nadie se de cuenta toman el control de todo y se apropian de mujeres, niños y nombres; y en algún momento del siglo XX aparece un cosentino que tiene un nieto en un lugar remoto también llamado Dario.

    Hasta acá todo bien, muy literario.

    Pero en el amanecer del Siglo XXI surgen los mensajes de texto, también conocidos como SMS, y la historia cambia. Aquella tecnología a la cual en un momento de triste (in)lucidez predije el fracaso, cambió el significado del nombre para siempre.

    El SMS, sumado a padres divorciados culposos que le compran a sus hijos teléfonos móviles, comenzó a modificar el idioma. Surgieron de la nada palabras como “grchr”, “cgr”, “hjo d pta” y demases. Ergo, en un intento desesperado por rescatar a generaciones otrora perdidas, algún finlandés de buen corazón decidió crear el “método predictivo”. Como se sabe, este método, con pocas presiones de botón, permite escribir de una manera fría pero rápida y coherente.

    La tecnología maduró, se exportó, llegó a alguna oficina en Madrid y algún empleado lúcido se dedicó a crear el diccionario en español para poder implementar la solución en 400 millones de teléfonos celulares.

    Este hombre, un hijo de puta ciertamente, seguramente tenía un amigo llamado Dario, y de forma inocente colocó mi nombre primero en la lista de opciones que se obtienen al presionar 32746.

    Sucede que, por razones obvias, hay mucha más gente borracha que llamada Dario. Por lo tanto, en cualquier lugar de Iberoamérica, hoy en día, cada vez que un parroquiano intenta escribir la palabra EBRIO mediante la presión de los números 3-2-7-4-6, esto es lo que ve:

    DARIO

    hace 6 años  /  0 notas

  6. La ficha

    “Qué fácil sería ser hincha de River”, maldecía yo de chico, un simpatizante de un club ignoto como Lanús, mientras mis compañeros de colegio en la lejana Zona Norte descargaban toda su imaginación en gastadas luego de que mi equipo perdiera un ascenso, y contra un club llamado Chaco For Ever.

    “Qué fácil sería ser hincha de Boca” me decía nuevamente cuando bajo una catarata de burlas Lanús descendía al Nacional B luego de una breve excursión de un año en Primera.

    Qué fácil hubiera sido ser todo eso. Y lo consideré varias veces, juro que lo hice. Pero yo tenía motivos de sobra para seguir siendo del Granate.

    Para empezar, y aunque entonces no lo había notado plenamente, la historia de Lanús tiene cierto paralelismo con la mía. Nací con el equipo en la C, empecé a gatear en Primera B, aprendí a escribir en el Nacional B, y comencé a pajearme en Primera División.

    Pero no fueron mis aspiraciones de hedonista las que me hicieron seguir siendo de Lanús, no señor. Principalmente, fue la cobardía. Mi hermano ya había claudicado y se había hecho de Independiente, y aunque él en secreto siempre siguió festejando los goles del Grana, eso a mi viejo le jodió. Y no quería ser yo destino del enojo de mi padre. Y es en mi viejo donde recae, en definitiva, la razón y la culpa de mi pertenencia a ese club. Porque al fin y al cabo, si bien sufría mucho los lunes en el colegio, disfrutaba el doble los sábados cuando él me llevaba a la cancha.

    Para qué voy a mentir: gozaba como un cerdo esos sábados. Lanús podía jugar horrible o de manera brillante. Podía estar peleando un ascenso o tratando de evitar un descenso. Fuera cual fuera la situación, yo disfrutaba igual. Iba a la cancha y esperaba paradito al lado de mi papá, siempre en la popular de cemento, a que metiera algún gol Lanús. Y es que era en esos gritos de gol cuando podía hundir mi cara en su estómago, oler su perfume mezclado con olor a cigarrillo, y darnos los abrazos más largos y sinceros que tuve con él que pueda recordar hoy en día. Para mí eso valían los goles.

    Pero un día mi viejo se fué. Y apagué las radios, la tele, y al leer el diario esquivaba la sección de deportes y me iba directmante a los chistes. El fútbol se había muerto. Y en ese interín de locutores mudos Lanús salió campeón de la Copa Conmebol (paradójicamente, para cuando dejé un poco la paja y empecé a garchar más o menos seguido). E hice oídos sordos, no quería saber nada. Tenía un bloqueo latente. Y es que, realmente, el fútbol me parece medio aburrido, el ambiente lamentable y los negociados turbios, en el mejor de los casos.

    Pero este año todo se fue a la mierda. De sorpresa y a traición, me agarró la campaña de un Lanús 2007 puntero del campeonato, de buen juego e intenciones limpias. Quince años habían pasado desde mi última visita a La Fortaleza, llegaba un partido clave, y no podía seguir haciéndome el boludo mucho tiempo más. Sabía que, en otras circunstancias, hubiera ido con él al partido. Tenía que ir a ese partido, era lo que sentía. Y así fue como hablé con mi hermano, el hincha granate en silencio, y fuimos, sin saber con qué me iba a encontrar.

    Y el partido comenzó, y la iba llevando muy bien. La cancha remodelada, linda, llena e impresionante, me tocó un fibrón, pero no arrugué. El comienzo del partido, tenso, trabado, me creó un nudo en el estómago. Y le puse el pecho y me lo banqué.

    Pero la cagada vino con el primer gol. Aquel gol fue la muerte. Aquel gol me hizo voltear y buscar un abrazo; y mi hermano, por esas casualidades del destino un escalón más arriba en la popular, me prestó su estómago y hundí mi cabeza en él, con los ojos llorosos. Y de ese abrazo surgió, escondido bajo una piedra de 15 años, un perfume mezclado con olor a cigarrillo. Y si ese gol fue la muerte, peor fue el pitido final contra Boca y el campeonato. Ahí me quebré. Me quebré y con cada lágrima salía un recuerdo. Me quebré y me acordé de las voces que tenían los locutores, de los viajes al Sur los sábados, de los abrazos interminables, de las discusiones sobre el equipo en el auto. Me quebré y entendí el fútbol. Porque el fútbol podrá ser aburrido, el ambiente lamentable, y los negociados turbios. Pero el fútbol también era eso, ese llanto. Ese abrazo a destiempo que se extraña.

    Casi 93 años tardó Lanús en ser Campeón de Primera. Quince años pasé evadiendo un duelo que finalmente tenía que llegar. Quince años tardó en caerme la ficha.

    hace 6 años  /  0 notas

  7. Por un Software Libre (de patentes).

    hace 6 años  /  0 notas

  8. Gente

    - “La gente es tonta”.

    Recuerdo la primera vez que escuché esa frase, de boca de mi madre, hace ya unos cuantos años. Una afirmación de ese tipo no se deja pasar fácilmente, ni aún cuando uno tiene 3 o 4 años de edad. Creo que esa fue la primera teoría que hice propia, algo que sentía desde hacía mucho tiempo (unos pocos meses antes, una eternidad cuando uno tiene 3 años), pero que no sabía cómo expresarlo: que la gente, es tonta.

    Mis primeros encuentros con “la gente tonta” creo que sucedieron en la calle, con las viejas que te preguntan:

    - ¿A quién querés más, a tu mamá o a tu papá?

    Esa es, sin lugar a muchas discusiones, una de las preguntas más tontas que se le pueden hacer a un chico de 3 años. Pero pasó poco tiempo antes de que “ser tonto” sea casi a ser sinónimo de “ser malo”: coches que paran en la senda peatonal, que doblan en la esquina cuando uno está cruzando, etc., y así hasta llegar al hábitat natural del tonto: el subte.

    Bien de pequeño descubrí que el subte es el lugar en el cual los tontos se juntan para desafiar las reglas de la lógica. Quiero decir: ¿por qué cuando uno está saliendo del vagón, la gente se empecina en entrar antes de que uno salga?.

    Por todo esto es que cuando escuché a mi madre decir “la gente es tonta”, me sentí aliviado. No era el único que pensaba así.

    A los pocos días, fue mi padre quien pronunció esas palabras, aunque con un giro de tuerca:

    - La gente es pelotuda.

    Pelotuda, con una P bien pronunciada, enfática. Esto lo dijo un día, manejando, sin saber que no sólo insultaba, sino que además definía tempranamente dos corrientes de pensamiento en mi familia. Mi hermano heredó su denominación de gente (pelotuda), mientras que yo heredé la de mi mamá (tonta).

    Claro que uno crece y se empieza a cuestionar esas cosas. Cada vez que escuchaba a un miembro de mi familia decir “la gente es tonta”, no dejaba de sentir algo de pedantería en aquellas frases. Y el hecho de que yo asintiera con esa afirmación, además me daba culpa.

    Es por eso que gran alegría sentí la primera vez que viajé en taxi. El conductor no sólo se limitó a decir que la gente es tonta, sino que además se encargó de proponer soluciones salomónicas para acabar con el problema. Y así fue como, con el tiempo, escuché a una y otra persona repetir la misma frase en algún momento. Puedo decir, y apuesto plata a esto, que toda persona ha pronunciado alguna vez en su vida la frase “la gente es tonta”. Lo cual deja en evidencia dos conclusiones claras:

    1) La gente, efectivamente, es tonta.
    2) Nadie se cree gente.

    La segunda conclusión es, a mi entender, la más interesante; y probablemente sea la causa de la primera. La palabra “gente”, antepuesta del artículo “la”, se puede entender como el conjunto total de personas. Sin embargo, nadie utiliza la primera persona al hablar de gente (salvo, tal vez, los grupos de extrema izquierda, que se adjudican el “todos” pero aún así luchan contra algún “ellos”, entrando en otra contradicción). De hecho, según el diccionario, estaría mal.

    Y hablando del diccionario, resulta interesante ver la definición de la RAE de gente. No lo voy a copiar aquí porque es la lista más extensa y vaga que he visto. Seguramente, sabían bien en qué lío se metían al escribirlo.

    ¿Soy o no soy gente? ¡Qué pregunta! Por culpa del diccionario, veo que gente es, además de un conjunto de personas, también un individuo. Un conjunto de 1 miembro. Ningún problema con esto, pero: si gente es 1 (uno), y también es muchos, ya que todos son 1 (uno), todos son (¡somos!) gente.

    Einstein lo tuvo muy claro al definir como infinita a la estupidez humana. Alguna vez habrá dicho “la gente es estúpida”, y para él habrá sido como dividir por cero.

    hace 7 años  /  0 notas

  9. ¿Qué hacer sin gas?

    El martes pasado, Metrogas cortó el gas en mi edificio. Al parecer, el sótano del mismo es tan viejo que hasta lo encontraron a Sobremonte escondido, así que cortaron el suministro por prevención. Riesgos de vivir en un edificio antiguo.

    Los primeros días se llevaron bien. El departamento todavía mantenía el calor, y dejar de cocinar para comer afuera tampoco era algo muy-muy terrible. Los problemas comenzaron al segundo o tercer día, con el frío.

    El principal afectado por el frío es, sin dudas, el pene. Para protegerse de las bajas temperaturas, el pobre muchacho se achica, esconde aterrorizado, hasta casi desaparecer. No es que lo use mucho tampoco, pero aún así mi principal miedo es que se acostumbre y se quede así para siempre, por lo que procedí a intentar incentivarlo para que salga de su escondite.

    La primera medida fue buscar pornografía en Internet. No funcionó, pero principalmente porque ver gente desnuda me daba más frío, así que comencé a buscar en la National Geographic algún video de osos copulando. Preocupante es el hecho de que no me ayudó tampoco.

    Otro problema es la comida, cuando uno se cansa de comer fuera. Bah, en realidad era un problema, porque en ese sentido se puede zafar muy bien con el muy defenestrado pero siempre salvador horno de microondas. Todo se puede hacer en el microondas. Todo. Hamburguesas, pizzas, carnes y hasta huevos fritos (con un poco de habilidad, eso sí).

    Pero lo peor, sin ningún tipo de dudas, es bañarse. El significado de la palabra Macho en todo su esplendor, está graficado en el instante en que uno se encuentra ridículamente desnudo, tiritando frente a un minúsculo chorro de agua fría.

    En fin, que hay que pasar el invierno, como decía aquél…

    hace 7 años  /  0 notas

  10. ¿Lo tenés?

    Cualquier hijo de vecina que se meta un bocado de comida a la boca gracias al software libre tiene la obligación de, al menos, compartir su conocimiento con otras personas, mas allá del quién y el hacia quién.

    Por eso mismo, y aún consciente de mi limitada experiencia, unos años atrás encontré mi Padawan. Era el candidato ideal: entusiasta, sin miedo a aprender cosas nuevas y, sobre todo, dueño de un dudoso gusto a la hora de vestirse. Tal vez se bañaba demasiado, pero aún así el material crudo prometía bastante. Su nombre era (y es) Lucas.

    Lucas fue aprendiendo el oficio a velocidad de vértigo. No tardó mucho en abandonar las duchas diarias, el dual-boot en su máquina y en comenzar a colaborar en la comunidad. Creó un proyecto en SourceForge (una distro de floppy), y al poco tiempo lo abandonó (como corresponde) y en tiempo récord se convirtió en una referencia en administración de sistemas Linux dentro de su mal pagado empleo.

    Su mirada atenta y curiosa cuando aprendía algo nuevo siempre fue una gran satisfacción para mí. Y con esa satisfacción me quedé cuando me subí a una patera voladora rumbo a la tierra del jamón.

    Los meses pasaron, y como sucede con toda la gente a la cual uno “da por hecha”, el contacto se perdió.

    Y el silencio perduró hasta hace algunos meses, cuando reunión de ex-compañeros mediante nos juntamos a comer carne de tercera. Y ahí estaba Lucas: bien vestido, limpio y de gesto un poco adusto.

    Vino de por medio, nos pusimos al día. Ya no trabajaba en un lugar de mierda y ahora lo hacía en una corporación de esas tan grandes que tienen acrónimos por nombre. Ahí entendí lo de “bien vestido”. Siguiendo con la charla me enteré de que había dejado de utilizar el EOG con una sola mano para efectivamente usar los dos en algo más contundente. Ahí entonces comprendí lo de “limpio”.

    Aún así, lo del gesto adusto no lo comprendía muy bien. Y sinceramente tampoco lo había notado tanto en un principio, tal vez ofuscado en mi propia alegría por el encuentro y su éxito profesional. Pero la realidad me escupió en la cara del lado menos pensado. La charla venía así:

    Lucas: Y ahora estoy desarrollando este sistema bla bla bla, que hace de todo bla bla bla.
    Yo: Buenísimo. ¿Qué plataforma están usando en los servidores?
    Lucas: Va todo sobre Red Hat Enterprise.
    Yo: Che, ¿y que distro estás usando en la estación de trabajo?

    Y ahí fue cuando el gesto adusto se disolvió mas rápido que el poder de compra de la clase media, y dio lugar a unos ojos cristalinos, avergonzados, que nadaban sobre sus labios temblorosos que me iban a decir lo siguiente:

    Lucas: XP. Es que no sabés negro, el Gaim….. no podía más.

    Y su voz se quebró. Y yo no dije nada porque sabía a qué se refería. Como persona sensible que es, el Gaim fue demasiado para él, y su gesto serio y duro tenía su origen en la ignorancia en la cual él se sumió derrotado cuando decidió introducir un CD de XP en su lectora de CD. Y yo me sentí peor. En cierto modo, le había fallado.

    ¿Pero qué tiene el Gaim? Bueno, el Gaim (ahora Pidgin) es muy cruel. Y si bien Lucas podría haber utilizado otra cosa, el solo hecho de estar en en escritorio GNU/Linux le generaba punzadas en el pecho cual perro de Pavlov.

    Me explico mejor: voy a representar gráficamente lo cruel que puede llegar a ser una pieza de software. Por ejemplo en la imagen de abajo:

    Esa frase, “Le tiene: No”, indica de una forma fría que uno no es siquiera merecedor del odio ajeno, hundiendo al usuario en el infierno de la indiferencia.

    Ojo, no digo que dicha información no pueda ser útil. Sin embargo, cualquier persona que se estremezca al ver un gatito mojado en la calle sabe bien que hay formas mejores de decir las cosas. Una sugerencia sería:

    Como se puede apreciar en la imagen de arriba, la frase “Le merece: No” convertiría a Gaim ya no en una aplicación, sino en un amigo, y todo sin perder información. Adicionalmente, se ahorrarían millones de pesos al año en psicólogos, bajarían las tasas de suicidio y aumentaría la autestima general de la población, con el consiguiente aumento de la productividad que eso significa (y del PBI).

    Pero aún se puede hacer más. Hasta no hace mucho, un “error” en el protocolo MSN permitía saber cuándo el interlocutor cerraba la ventana de conversación. Los usuarios deWindows ignoraban esto, por lo que era moneda corriente identificar quién simulaba no estar frente a la computadora. La situación era usualmente así:

    ¡Esto es horrendo! Es el equivalente a darle la mano a alguien y que te deje pagando.

    Nuevamente, con sólo un pequeño cambio se puede convertir una mala situación en una buena oportunidad:

    A esta altura, si con la anterior modificación el Gaim era un amigo, ahora se convertiría en una madre. Y nuevamente, sin pérdida de información.

    Si estos cambios hubiesen sido efectivos en su momento, hoy todo el mundo estaría utilizando Linux. O al menos la gente con problemas de autoestima, o sea el 90%.Microsoft no habría sacado nunca el Windows Vista, el calor materno habría impedido la guerra en Irak, y Juan Pablo II al morir habría anunciado el arribo definitivo de “el amor entre todos los hombres”, derivando en la abolición del Catolicismo, las guerras religiosas, y Ratzinger.

    Y todo con dos líneas de texto.

    PD=Lucas, volvé.

    hace 7 años  /  0 notas