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La toalla argentina que seca
Como ya comenté en alguna otra entrada, soy lo que una suegra promedio calificaría de "desastre": no planeo las cosas, no me compro ropa, hago todo cuando tengo las fechas encima (cuando tengo "un dedo en el culo", metafóricamente hablando) y un largo etcétera.
Por suerte, mi familia me conoce bien. Y así como está el dicho de "la ropa se lava cuando ya pica", en mi caso también aplica aquél de "se compra ropa nueva cuando la vieja pide asilo político en la basura". Por esto mismo es que mi abuela paterna, previsora ella, me compró un juevo nuevo de toallas y toallones.
"Perfecto", pensé, ya que con tantas mudanzas la ropa de cama, toallas y demases son lo último que tienen lugar en una maleta, por lo que me vino bien.
La cosa era prometedora. Toallas amarillas, pero no muy amarillas. De un amarillo sobrio diríamos. Peludas, como me gustan (por favor sin segundas intenciones). Aunque sin embargo, llamó mi atención la leyenda que figuraba en la etiqueta del paquete:
"Franco Valente - La toalla argentina que seca".
"¡A la mierda!", pensé. "La toalla argentina que seca". Qué fuerte. Miles de elucubraciones rondaron mi cabeza por ese momento. ¿Secará más porque es argentina? ¿O querrá decir que es la única toalla argentina que seca?. Entiendo que la industria textil brasilera ponga a la industria local contra las cuerdas, pero recurrir al nacionalismo para intentar vender más me pareció no excesivo, sino cómico y hasta triste.
Pero esta pequeña historia no trata de nacionalistas ni de patriotas, sino, simple y llanamente, de toallas.
Luego de la gran expectativa generada por "la toalla argentina que seca", procedí a festejar mi adquisición con un buen baño.
Shampoo, jabón, algún que otro refriegue de más (para qué voy a mentir) y a secarse.
Aquí quiero hacer un paréntesis. Creo que todos hemos comprado o adquirido cosas de mala calidad en nuestra vida. Pero creo que muy pocas veces se ponen tantas expectativas contra algo etiquetado como "la toalla argentina que seca". Debe entenderse que, en un país falto de héroes y personalidades nobles, una toalla que seca sería, sin riesgo de exagerar, un orgullo nacional. Algo por lo que valiera la pena ser argentino.
Bueno, pues resulta que no sólo la toalla en cuestión no es la que mejor seca, sino que además no seca. Es, como se definiría en la Univeridad, impermeable. Sí, una toalla impermeable. Secarse con esa toalla es el equivalente a secarse con la mano. No importa con qué ahínco uno se frote, la toalla permanece totalmente seca.
No sé si el querido lector se imagina las dimensiones que toma esta situación. Luego de pasar dos años en España, secándome con toallas silenciosamente portuguesas, mientras mi cuerpo mojado miraba fijamente esa toalla seca, de pronto lo entendí todo. Nada hubiera pasado sin ese cartel de "la toalla argentina que seca", sólo otra toalla de mierda más. Pero no, ese cartel estaba ahí. La argentinidad que a Borges, Scalabrini Ortiz y Roberto Arlt (entre otros) les costó tantos libros explicar, Franco Valente lo logró con sólo una toalla. Toda la historia, el presente y (tristemente) el futuro de mi país estaban ahí mismo, en ese pedazo de tela seco frente a mí.
No hace falta agregar que desde aquel día, esa toalla es mi favorita y me acompaña siempre en mis viajes. Me recuerda mis orígenes y quién soy.
PD=No iba a mencionar la marca de las toallas aquí, pero visto que su página web se empecina en hacer explotar mi Firefox, que se jodan.
9 comments
ya que son hermosas y secan espectacular.
aparte tiene una gran variedad en cuanto a colores y bordados.
si toda tu vida la ves como a las toallas que mas secan del pais, que no secan, estas en problemas para el resto de tu vida.
saludos
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