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Pedro Olgo Ochoa: opinólogo
Es curioso cómo la mente de uno alberga los recuerdos más pintorescos e inútiles. No me refiero a los que se adquieren en la escuela (ni dígase en la universidad), sino a los que se chupan por ahí.
Dentro de lo que se encuentra por ahí, creo que ni el mejor de los ácidos se compara con esa inagotable fuente de recuerdos incoherentes que es la televisión.
Extrañamente, tengo recuerdos vivos y fuertes de propagandas de hace 20 años, mucho antes de que tuviera pelos en los huevos. Así, es como hoy en día puedo cantar sin dudar la canción de Tubby 3 y Tubby 4, relatar el monólogo de la china de la farmacia que vendía la auténtica Piedra China o recordar a aquel niñito que gritaba feliz con un bigote de leche: "mmmm, me lo tomé Toddy!". Hoy en día, esta última propaganda estaría prohibida.
Pero mi vida se iluminó de repente una tarde en la que yo, con 6 o 7 añitos, estaba viendo la pantalla de ATC (canal 7 para los teens) y me encontré con un hombre en la pantalla serio, solemne, que tenía un cartel debajo que decía: "Pedro Olgo Ochoa: opinólogo".
Ah, todavía recuerdo esas sensaciones. Por un lado, me impactó la existencia del nombre "Olgo". Al día de hoy, me pongo risueño al imaginar a alguien decir en voz alta "Hola Olgo". Pero lo que me abrió los ojos al mundo fue, como se imaginará aquél que lea esto, la existencia de la profesión de "opinólogo".
¿Qué es un opinólogo? Bueno, la primera respuesta sería decir "alguien que opina". Pero no. Un opinólogo es alguien que opina en televisión. O sea, alguien que puede decir cualquier cosa, que estará iluminado por la luz de la verdad que otorga la exposición pública. Ya algunos griegos decían que la verdad era aquello que se ve, y por eso tantas culturas han relacionado a algún Dios con el Sol. Porque el Sol ilumina, muestra las cosas como son, revela la Verdad. ¡Igual que la tele!
Al menos el Sr. Ochoa tenía la virtud de avisar.
Pues bien, resulta que por esas casualidades, revisando las entradas a este oscuro y sombrío sitio, noté algo escalofriante. Sin querer y sin chistar, despacito pero firme, yo me convertí en Pedro Olgo Ochoa y Google se convirtió en mí a los 7 años. Google, con su memoria tan incoherente a veces como simpática, arroja los resultados que voy a mostrar a continuación.
Resulta que si usted es un estudiante de filología hispánica, que tiene la difícil (e inhumana) tarea de investigar sobre el uso de las aberrantes comillas españolas, se va a encontrar con esto.
¡Sí, si, si! ¡Finalmente, lo conseguí! Este blog es el referente mundial de habla hispana sobre las asquerosas comillas españolas. Tal vez mi misión en la vida sea eliminarlas, no lo sé. Pero si es así, es una misión muy noble. Con esta tarea, en el futuro probablemente le pondrán mi nombre a alguna calle en algún country o barrio privado.
¡Pero el tema no termina acá! Lo de las comillas es en cierto modo comprensible, ya que se trata de una cruzada que lleva su tiempo (como se puede ver aquí, cuando revelo que las comillas españolas son en realidad comillas portuguesas). Por cierto, ¡también soy referente de las comillas portuguesas!. Diversão não tem fim.
Pero... lo que más me sorprendió, sin dudas, es que este blog se convierta en una referencia a la hora de buscar toallas argentinas, a tal punto que figure en la segunda posición si se buscan en plural y hasta en primera posición con el singular toalla argentina. Seguramente si me dedicase a vender toallas, no tendría tanto éxito.
Hoy me recibí de opinólogo.
Curiosamente también, ambas palabras, toalla y comilla, contienen esa shé tan rioplatense que tanto esfuerzo me cuesta en España disimular.
Pero esa es otra historia...
3 comments
Es usted una institución, el patrón d los zumbaos, d q manera tan exquisita s t va la pinza d vez en cuando.
Por favor, Mariano q d la réplica a esta entrada :)
La verdad es que yo estoy acostumbrado a ellas, muchos periódicos las usan y siempre han estado ahí.
Ahora, no te imaginas buscando qué entran a uno de mis blogs...