GNU/Human Unstable

Gente

- “La gente es tonta”.

Recuerdo la primera vez que escuché esa frase, de boca de mi madre, hace ya unos cuantos años. Una afirmación de ese tipo no se deja pasar fácilmente, ni aún cuando uno tiene 3 o 4 años de edad. Creo que esa fue la primera teoría que hice propia, algo que sentía desde hacía mucho tiempo (unos pocos meses antes, una eternidad cuando uno tiene 3 años), pero que no sabía cómo expresarlo: que la gente, es tonta.

Mis primeros encuentros con “la gente tonta” creo que sucedieron en la calle, con las viejas que te preguntan:

- ¿A quién querés más, a tu mamá o a tu papá?

Esa es, sin lugar a muchas discusiones, una de las preguntas más tontas que se le pueden hacer a un chico de 3 años. Pero pasó poco tiempo antes de que “ser tonto” sea casi a ser sinónimo de “ser malo”: coches que paran en la senda peatonal, que doblan en la esquina cuando uno está cruzando, etc., y así hasta llegar al hábitat natural del tonto: el subte.

Bien de pequeño descubrí que el subte es el lugar en el cual los tontos se juntan para desafiar las reglas de la lógica. Quiero decir: ¿por qué cuando uno está saliendo del vagón, la gente se empecina en entrar antes de que uno salga?.

Por todo esto es que cuando escuché a mi madre decir “la gente es tonta”, me sentí aliviado. No era el único que pensaba así.

A los pocos días, fue mi padre quien pronunció esas palabras, aunque con un giro de tuerca:

- La gente es pelotuda.

Pelotuda, con una P bien pronunciada, enfática. Esto lo dijo un día, manejando, sin saber que no sólo insultaba, sino que además definía tempranamente dos corrientes de pensamiento en mi familia. Mi hermano heredó su denominación de gente (pelotuda), mientras que yo heredé la de mi mamá (tonta).

Claro que uno crece y se empieza a cuestionar esas cosas. Cada vez que escuchaba a un miembro de mi familia decir “la gente es tonta”, no dejaba de sentir algo de pedantería en aquellas frases. Y el hecho de que yo asintiera con esa afirmación, además me daba culpa.

Es por eso que gran alegría sentí la primera vez que viajé en taxi. El conductor no sólo se limitó a decir que la gente es tonta, sino que además se encargó de proponer soluciones salomónicas para acabar con el problema. Y así fue como, con el tiempo, escuché a una y otra persona repetir la misma frase en algún momento. Puedo decir, y apuesto plata a esto, que toda persona ha pronunciado alguna vez en su vida la frase “la gente es tonta”. Lo cual deja en evidencia dos conclusiones claras:

1) La gente, efectivamente, es tonta.
2) Nadie se cree gente.

La segunda conclusión es, a mi entender, la más interesante; y probablemente sea la causa de la primera. La palabra “gente”, antepuesta del artículo “la”, se puede entender como el conjunto total de personas. Sin embargo, nadie utiliza la primera persona al hablar de gente (salvo, tal vez, los grupos de extrema izquierda, que se adjudican el “todos” pero aún así luchan contra algún “ellos”, entrando en otra contradicción). De hecho, según el diccionario, estaría mal.

Y hablando del diccionario, resulta interesante ver la definición de la RAE de gente. No lo voy a copiar aquí porque es la lista más extensa y vaga que he visto. Seguramente, sabían bien en qué lío se metían al escribirlo.

¿Soy o no soy gente? ¡Qué pregunta! Por culpa del diccionario, veo que gente es, además de un conjunto de personas, también un individuo. Un conjunto de 1 miembro. Ningún problema con esto, pero: si gente es 1 (uno), y también es muchos, ya que todos son 1 (uno), todos son (¡somos!) gente.

Einstein lo tuvo muy claro al definir como infinita a la estupidez humana. Alguna vez habrá dicho “la gente es estúpida”, y para él habrá sido como dividir por cero.

Add a comment




¿Qué hacer sin gas?

El martes pasado, Metrogas cortó el gas en mi edificio. Al parecer, el sótano del mismo es tan viejo que hasta lo encontraron a Sobremonte escondido, así que cortaron el suministro por prevención. Riesgos de vivir en un edificio antiguo.

Los primeros días se llevaron bien. El departamento todavía mantenía el calor, y dejar de cocinar para comer afuera tampoco era algo muy-muy terrible. Los problemas comenzaron al segundo o tercer día, con el frío.

El principal afectado por el frío es, sin dudas, el pene. Para protegerse de las bajas temperaturas, el pobre muchacho se achica, esconde aterrorizado, hasta casi desaparecer. No es que lo use mucho tampoco, pero aún así mi principal miedo es que se acostumbre y se quede así para siempre, por lo que procedí a intentar incentivarlo para que salga de su escondite.

La primera medida fue buscar pornografía en Internet. No funcionó, pero principalmente porque ver gente desnuda me daba más frío, así que comencé a buscar en la National Geographic algún video de osos copulando. Preocupante es el hecho de que no me ayudó tampoco.

Otro problema es la comida, cuando uno se cansa de comer fuera. Bah, en realidad era un problema, porque en ese sentido se puede zafar muy bien con el muy defenestrado pero siempre salvador horno de microondas. Todo se puede hacer en el microondas. Todo. Hamburguesas, pizzas, carnes y hasta huevos fritos (con un poco de habilidad, eso sí).

Pero lo peor, sin ningún tipo de dudas, es bañarse. El significado de la palabra Macho en todo su esplendor, está graficado en el instante en que uno se encuentra ridículamente desnudo, tiritando frente a un minúsculo chorro de agua fría.

En fin, que hay que pasar el invierno, como decía aquél…

Add a comment