1. Adiós

    Eddy, 1996-2007.

    Ya te extraño…

    hace 7 años  /  0 notas

  2. a+BA: actitud buenos aires

    Paseando por la ciudad se palpa en el aire la “actitud Buenos Aires”:

    A veces me encanta el cínico sentido del humor porteño :).

    hace 7 años  /  0 notas

  3. La toalla argentina que seca

    Como ya comenté en alguna otra entrada, soy lo que una suegra promedio calificaría de “desastre”: no planeo las cosas, no me compro ropa, hago todo cuando tengo las fechas encima (cuando tengo “un dedo en el culo”, metafóricamente hablando) y un largo etcétera.

    Por suerte, mi familia me conoce bien. Y así como está el dicho de “la ropa se lava cuando ya pica”, en mi caso también aplica aquél de “se compra ropa nueva cuando la vieja pide asilo político en la basura”. Por esto mismo es que mi abuela paterna, previsora ella, me compró un juevo nuevo de toallas y toallones.

    “Perfecto”, pensé, ya que con tantas mudanzas la ropa de cama, toallas y demases son lo último que tienen lugar en una maleta, por lo que me vino bien.

    La cosa era prometedora. Toallas amarillas, pero no muy amarillas. De un amarillo sobrio diríamos. Peludas, como me gustan (por favor sin segundas intenciones). Aunque sin embargo, llamó mi atención la leyenda que figuraba en la etiqueta del paquete:

    “Franco Valente - La toalla argentina que seca”.

    “¡A la mierda!”, pensé. “La toalla argentina que seca”. Qué fuerte. Miles de elucubraciones rondaron mi cabeza por ese momento. ¿Secará más porque es argentina? ¿O querrá decir que es la única toalla argentina que seca?. Entiendo que la industria textil brasilera ponga a la industria local contra las cuerdas, pero recurrir al nacionalismo para intentar vender más me pareció no excesivo, sino cómico y hasta triste.

    Pero esta pequeña historia no trata de nacionalistas ni de patriotas, sino, simple y llanamente, de toallas.

    Luego de la gran expectativa generada por “la toalla argentina que seca”, procedí a festejar mi adquisición con un buen baño.

    Shampoo, jabón, algún que otro refriegue de más (para qué voy a mentir) y a secarse.

    Aquí quiero hacer un paréntesis. Creo que todos hemos comprado o adquirido cosas de mala calidad en nuestra vida. Pero creo que muy pocas veces se ponen tantas expectativas contra algo etiquetado como “la toalla argentina que seca”. Debe entenderse que, en un país falto de héroes y personalidades nobles, una toalla que seca sería, sin riesgo de exagerar, un orgullo nacional. Algo por lo que valiera la pena ser argentino.

    Bueno, pues resulta que no sólo la toalla en cuestión no es la que mejor seca, sino que además no seca. Es, como se definiría en la Univeridad, impermeable. Sí, una toalla impermeable. Secarse con esa toalla es el equivalente a secarse con la mano. No importa con qué ahínco uno se frote, la toalla permanece totalmente seca.

    No sé si el querido lector se imagina las dimensiones que toma esta situación. Luego de pasar dos años en España, secándome con toallas silenciosamente portuguesas, mientras mi cuerpo mojado miraba fijamente esa toalla seca, de pronto lo entendí todo. Nada hubiera pasado sin ese cartel de “la toalla argentina que seca”, sólo otra toalla de mierda más. Pero no, ese cartel estaba ahí. La argentinidad que a Borges, Scalabrini Ortiz y Roberto Arlt (entre otros) les costó tantos libros explicar, Franco Valente lo logró con sólo una toalla. Toda la historia, el presente y (tristemente) el futuro de mi país estaban ahí mismo, en ese pedazo de tela seco frente a mí.

    No hace falta agregar que desde aquel día, esa toalla es mi favorita y me acompaña siempre en mis viajes. Me recuerda mis orígenes y quién soy.

    hace 7 años  /  0 notas

  4. Comillas II

    Hace unos días comentaba acerca de esa asquerosidad llamada «comillas españolas».Pues bien, recientemente tuve la suerte de ir a Portugal, al Encuentro Nacional de Estudiantes de Informática, ENEI 2006, en Évora.

    El evento muy bien, y todo transcurría con normalidad hasta que me senté frente a un ordenador portugués. Y… ¡vean esto!

    Teclado portugués

    Noten lo que figura arriba a la derecha, a la izquierda del Backspace. En realidad el teclado que utilicé tenía esa tecla en otro lado, pero la tenía. ¡Si señor! ¡Son las «comillas españolas»! Esas mismas comillas que no figuran en el teclado español, pero sí en el portugués. Alucinante.

    Por supuesto, esto me hizo meditar durante todo el viaje, y concluí que quizá éste sea el peor de todos los conflictos luso-hispanos de toda la historia. Algún portugués lúcido me insinuó que probablemente las comillas sean originarias de Olivenza, y ahí su actual situación.

    La conclusión es clara: las comillas españolas no existen. Lo que sí existe, en todo caso, son comillas portuguesas.

    ¡Punto para mí!

    hace 8 años  /  0 notas

  5. Espanto ortográfico: las «comillas españolas»

    Nunca dejo de sorprenderme de las características y encantos que tiene mi «lengua». El otro día, leyendo unas normas de traducción de un proyecto, veo que «es obligatorio el uso de comillas españolas («»)». «Zas» - pienso - «¿qué son las comillas españolas?» Con ayuda de Google, encuentro un link (o «enlace») interesante que me aclara un poco el panorama.

    Ofensivamente (para mí) parece ser que las comillas de toda la vida son “comillas inglesas”. Que desilusión.

    Muy interesante. Especialmente teniendo en cuenta que no encuentro en el teclado «español» ninguna tecla para escribir las «comillas españolas», y aún más interesante si consideramos que nunca me hablaron de ellas en la escuela y me acabo de enterar recién ahora. Las había visto, sí, en libros y demás, pero desconocía su nombre, y pensaba que eran alguna «pijería» editorial, un tipo de fuente especial para las comillas dobles (perdón, “inglesas”).

    Sin embargo, y en un ataque de brutal sinceridad, aclaro que odio vehementemente las «comillas españolas». Se ven horrible en el texto, desconcentran y son un dolor de huevos para tipear.

    Hago público por este medio un pedido de ayuda a mis amigos ibéricos para que me expliquen mis nuevas dudas existenciales:

    1) Las «comillas españolas», ¿cómo se escriben con un teclado «español»?
    2) A pesar de ser «españolas”, ¿pertenecen a la lengua castellana? ¿En serio dejaron que les «castiguen» la vista en el colegio con semejante violencia?

    3) ¿Estoy ante un nuevo tipo de «reinvindicación lingüística»? ¿O simplemente es un intento desesperado de levantar a un muerto? Si es así, me bajo del tren antes de que me hagan estudiar al «Qvixote».
    4) ¿No les parecen «odiosas»?

    Y por último, por favor, se los ruego, dejen de llamar “comillas inglesas” a las comillas dobles de toda la vida.

    ¡Por la eliminación de las «comillas españolas» ya!

    hace 8 años  /  0 notas

  6. El flagelo de Ramón

    Nuestro amigo ficticio se llama Ramón. Se podría decir que Ramón es un tipo normal. Trabaja, tiene novia, de vez en cuando va al cine y hasta se da el lujo de hacer deporte algún que otro fin de semana. Se dice que Ramón disfruta de la filatelía, y hasta que toca la guitarra cuando nadie lo escucha. Pero Ramón tiene un problema. Le encanta maximizar las ventanas.

    El otro día Ramón fue a visitar a su amigo Sandro, un informático de esos que deben saber mucho porque tienen pelo largo y barba. Ramón le pregunta a Sandro si “puede chequear Internet”. Sandro lo deja, le encanta que la gente común (como él la define) use su estudiado y usable escritorio.

    Lo de Ramón es sorprendente. No importa qué use Ramón, si Windoze, Gnome o KDE. Ramón, ventana que abre, ventana que maximiza.
    Primero es el navegador. Sin siquiera entrar a ningún sitio, Ramón descaradamente maximiza la ventana (sin importar que sea ordenador ajeno). Sandro piensa “bueno, estará acostumbrado a una resolución de 1024×768, y con estos diseñadores web…”. Pero no. La cosa sigue.

    Acto seguido quiere escuchar algún mp3 de la colección del dueño del ordenador. Abre el administrador de archivos. Lo maximiza. Se escuchan un chillido histérico y contenido del dueño del ordenata (un portátil para ser más exactos). No importa que la resolución sea 1400×1050. Ramón quiere más.

    Ramón cliquea dos veces sobre el archivo. Sandro piensa “está mal acostumbrado, pobre”. Sin embargo Sandro no puede evitar emitir un gruñido al ver cómo Ramón trata torpemente de copiar archivos entre ventanas maximizadas. Sandro dice “sutilmente” que “maximizar ventanas es de perdedor”.

    Pero la cosa no termina ahí. Ramón quiere “verificar el MSN”. Sandro no entiende qué significa, pero supone que estará relacionado con el Gaim. Le muestra el icono del Gaim y Ramón lo ejecuta.

    No importa nada en este momento. Ramón, como quien no quiere la cosa, maximiza también la ventana del Gaim. Sandro no aguanta más.

    No importa el Drag and Drop. No importa agrupar ventanas por tipo en la barra de tareas. No importa nada. De hecho, cada cosa (barra superior, gdekslet, etc.) que ose interponerse en el camino de Ramón y su maximización será visto por él como un agente externo y maligno que quiere interrumpir su experiencia de uso.

    El de Ramón es un flagelo común. Debemos evitar que se siga propagando. ¿Debemos?

    hace 9 años  /  0 notas

  7. Apellidos argentinos

    Dos argentinos llegan a Italia.
    Dice uno:

    - Che, ¿habrá argentinos acá en Roma?
    - Y, no sé… mirá en la guía telefónica.

    Y el otro lee:
    - Baldini, Corranti, Dominici, Ferrutti… ¡Che, Roma está llena de apellidos argentinos!

    De este chiste me acordé hoy, cuando me encontraba en una agencia de viajes y la empleada (muy simpática por cierto) hablaba con el dependiente de una agencia de alquiler de coches por teléfono. Cuando la chica le dictó mi apellido, escucho que seguidamente le dice “sí, argentino”. Efectivamente, el hombre adivinó mi nacionalidad por el apellido. La chica tampoco me había preguntado la nacionalidad (lo hizo a posteriori) pero por lo menos ella había hablado conmigo.

    Lo más cómico es que en ningún momento el hombre de la agencia de alquiler de coches me escuchó hablar.

    hace 9 años  /  0 notas

  8. Impress your girl with a huge cumshot (impresiona a tu chica con una enorme acabada/corrida)

    Ese fue el título de uno de los spams del día. Al contrario de cualquier spam común, éste ha logrado sumar un complejo más a mi lista de posibles complejos. No contenta ya la sociedad con los asuntos de “tamaño”, “grosor”, “dureza”, “tiempo activo” y demás hierbas, ahora se suma el del “volumen acuoso”.

    El mail en cuestión no tiene desperdicio. Es una obra maestra de lo chabacano y eso lo digo yo, que de chabacano sé y mucho. Algunas frases para la posteridad:
    “Imagine the difference between dribbling your cum

    compared to shooting out burst after burst.”
    Traducción:

    “Imagina la diferencia entre babear tu acabada/corrida comparado con disparar ráfagas tras ráfagas.”

    Y cierra magistralmente con la típica “satisfacción total o le devolvemos su dinero”, lo cual me trae a la mente el hipotético caso de la devolución del producto, acompañado con una bolsita con “las pruebas” y la siguiente nota:
    “Che, acá te traigo lo que logré exprimir. No lleno ni una tacita de café, me devolvés el dinero?”

    De todos modos, lo más importante de esto, es la pregunta que queda flotando en el aire: el volumen acuoso importa?

    hace 9 años  /  0 notas

  9. Un Libro Infinito

    Aquí hay un cuento que escribí cuando tenía aproximadamente 12 años. Me lo dio mi madre, que lo encontró entre unos papeles viejos (benditas sean las madres por guardar estas cosas). Aquí lo trascribo, respetando la gramática y ortografía original. Me gustó lo premonitorio que era :).

    Un Libro Infinito

    Recién caía la noche en la ciudad. Eran aproximadamente las 19:30 hs. cuando ya sentía aquel impulso. Ese impulso inaguantable y perverso. Pese a esto, me dediqué a preparar la cena mientras trataba de concentrarme en lo que decían por televisión. Esta tarea me resultó casi insoportable, ya que enseguida me venía a la mente la imagen de aquel ser.

    Las 23:30 eran ya cuando estaba en la cama. A pesar del silencio, creía escuchar los sonidos que él emitía. Esos malditos sonidos propios de un animal en celo y enjaulado que está lleno de furia. Uno de esos animales que enloquecen a la presa antes de devorarla.

    Para cuando eran las 04:50, yo ya había podido conciliar el sueño. Pero aún hoy, desde esta cama, recuerdo claramente aquella pesadilla que me hizo despertar sobresaltadamente. Mis impulsos aumentaban. Aquello ya era adicción. Una adicción tan satánica como la droga. Algo así como un libro. Un libro infinito en el que la información no para jamás. Un libro en el que cada palabra atrapa más al lector, hasta convertirlo en un esclavo de sí mismo.

    Hoy, desde la Clínica Psiquiátrica, recuerdo ese momento. Eran aproximadamente las 07:20. La presión aumentaba. El Universo se comprimía sobre mí. Otra vez me había agarrado un ataque. Me aferraba de las sábanas cual un niño hambriento al pecho de su madre. Mi cabeza parecía derretirse de dolor. La cosa no daba para más. Lo necesitaba. Debido al último ataque había perdido a mi esposa, mis hijos y hasta mi trabajo. Sabía que este ataque sería el último, y que él tenía lo necesario para que lo fuera. Me paré. Caminé hacia su habitación. Allí estaba él. La sangre empezó a fluir tan rápidamente por mis venas que hasta me mareaba. Escuchaba el latido de mi corazón. Allí estaba él, con su mirada fría, pero su interior tan lleno de felicidad inmediata. Tan lleno de locura inmediata. Me acerqué a él. Me senté frente al teclado, y lo prendí.

    FIN

    hace 10 años  /  0 notas

  10. Art vs. Reason?

    I see Art as any method of expression made by a person (or group of persons) with the purpose of communicate a feeling.
    By the other hand, the Reason follows a more practical approach. The expression could be the same itself, but not the meaning (or the cause).

    In the world of Proprietary Software, there’s no place for Art in itself. Every decision (correct or wrong) is generated by a reasonable thought.
    However, now we are staring at a new phenomenon. Isn’t programming a form of expression? Isn’t it Art, when the code comes from the desire of the programmer to express (or realize) his/her dream? Well, I think it is.

    Reason is something entirely Human. And Art is too.
    In the Free Software world, much of the code is generated in an artistic way. This is totally admirable and I love it. By the other hand, many people in the Free Software Movement enjoy trying to make the best software available, without any concerns of personal taste.

    The best thing is: you can take both of them. Look at architecture for example. I live in the oldest part of Buenos Aires. And I live in front of a gorgeous building, a master piece in architecture, which is also a extremely comfortable set of offices. Art is there (search for the Palacio Barolo in images.google.com and you’ll now what I’m talking about) and Reason is there too (the functional building don’t let me lie).
    What is this all about? Is about flame. Yes. I’m tired of watching big flames between the two Top Desktops (read KDE and GNOME), and it’s all about this in a way or another. Which belongs to each group is an exercise for the reader.

    Things like ‘you do not follow up the HIGs’, ‘your desktop in minimalistic’, etc., just doesn’t go anywhere.
    A guy strictly following the Human Interface Guidelines in his search of the ‘Ultimate Friendly Interface’ is an extraordinary professional person to me. However, the other guy spending his free time trying to design the interface he always dreamed of, is extraordinary to me too.

    The best part if: none of the above is wrong. There’s no wrong in creativity. They’re both entirely human features.
    Who cares if one app uses one toolkit, and the rest of the desktop another one? It’s not the best thing in ‘reasonable terms’, but at the end of the day, the user has the word, and the user will use the thing he/she is more comfortable with. Choice. Tolerance. Collaboration. As far as I remember, that’s what brought us here in the first place.

    Happy Desktopping!

    hace 10 años  /  0 notas