1. ¿Lo tenés?

    Cualquier hijo de vecina que se meta un bocado de comida a la boca gracias al software libre tiene la obligación de, al menos, compartir su conocimiento con otras personas, mas allá del quién y el hacia quién.

    Por eso mismo, y aún consciente de mi limitada experiencia, unos años atrás encontré mi Padawan. Era el candidato ideal: entusiasta, sin miedo a aprender cosas nuevas y, sobre todo, dueño de un dudoso gusto a la hora de vestirse. Tal vez se bañaba demasiado, pero aún así el material crudo prometía bastante. Su nombre era (y es) Lucas.

    Lucas fue aprendiendo el oficio a velocidad de vértigo. No tardó mucho en abandonar las duchas diarias, el dual-boot en su máquina y en comenzar a colaborar en la comunidad. Creó un proyecto en SourceForge (una distro de floppy), y al poco tiempo lo abandonó (como corresponde) y en tiempo récord se convirtió en una referencia en administración de sistemas Linux dentro de su mal pagado empleo.

    Su mirada atenta y curiosa cuando aprendía algo nuevo siempre fue una gran satisfacción para mí. Y con esa satisfacción me quedé cuando me subí a una patera voladora rumbo a la tierra del jamón.

    Los meses pasaron, y como sucede con toda la gente a la cual uno “da por hecha”, el contacto se perdió.

    Y el silencio perduró hasta hace algunos meses, cuando reunión de ex-compañeros mediante nos juntamos a comer carne de tercera. Y ahí estaba Lucas: bien vestido, limpio y de gesto un poco adusto.

    Vino de por medio, nos pusimos al día. Ya no trabajaba en un lugar de mierda y ahora lo hacía en una corporación de esas tan grandes que tienen acrónimos por nombre. Ahí entendí lo de “bien vestido”. Siguiendo con la charla me enteré de que había dejado de utilizar el EOG con una sola mano para efectivamente usar los dos en algo más contundente. Ahí entonces comprendí lo de “limpio”.

    Aún así, lo del gesto adusto no lo comprendía muy bien. Y sinceramente tampoco lo había notado tanto en un principio, tal vez ofuscado en mi propia alegría por el encuentro y su éxito profesional. Pero la realidad me escupió en la cara del lado menos pensado. La charla venía así:

    Lucas: Y ahora estoy desarrollando este sistema bla bla bla, que hace de todo bla bla bla.
    Yo: Buenísimo. ¿Qué plataforma están usando en los servidores?
    Lucas: Va todo sobre Red Hat Enterprise.
    Yo: Che, ¿y que distro estás usando en la estación de trabajo?

    Y ahí fue cuando el gesto adusto se disolvió mas rápido que el poder de compra de la clase media, y dio lugar a unos ojos cristalinos, avergonzados, que nadaban sobre sus labios temblorosos que me iban a decir lo siguiente:

    Lucas: XP. Es que no sabés negro, el Gaim….. no podía más.

    Y su voz se quebró. Y yo no dije nada porque sabía a qué se refería. Como persona sensible que es, el Gaim fue demasiado para él, y su gesto serio y duro tenía su origen en la ignorancia en la cual él se sumió derrotado cuando decidió introducir un CD de XP en su lectora de CD. Y yo me sentí peor. En cierto modo, le había fallado.

    ¿Pero qué tiene el Gaim? Bueno, el Gaim (ahora Pidgin) es muy cruel. Y si bien Lucas podría haber utilizado otra cosa, el solo hecho de estar en en escritorio GNU/Linux le generaba punzadas en el pecho cual perro de Pavlov.

    Me explico mejor: voy a representar gráficamente lo cruel que puede llegar a ser una pieza de software. Por ejemplo en la imagen de abajo:

    Esa frase, “Le tiene: No”, indica de una forma fría que uno no es siquiera merecedor del odio ajeno, hundiendo al usuario en el infierno de la indiferencia.

    Ojo, no digo que dicha información no pueda ser útil. Sin embargo, cualquier persona que se estremezca al ver un gatito mojado en la calle sabe bien que hay formas mejores de decir las cosas. Una sugerencia sería:

    Como se puede apreciar en la imagen de arriba, la frase “Le merece: No” convertiría a Gaim ya no en una aplicación, sino en un amigo, y todo sin perder información. Adicionalmente, se ahorrarían millones de pesos al año en psicólogos, bajarían las tasas de suicidio y aumentaría la autestima general de la población, con el consiguiente aumento de la productividad que eso significa (y del PBI).

    Pero aún se puede hacer más. Hasta no hace mucho, un “error” en el protocolo MSN permitía saber cuándo el interlocutor cerraba la ventana de conversación. Los usuarios deWindows ignoraban esto, por lo que era moneda corriente identificar quién simulaba no estar frente a la computadora. La situación era usualmente así:

    ¡Esto es horrendo! Es el equivalente a darle la mano a alguien y que te deje pagando.

    Nuevamente, con sólo un pequeño cambio se puede convertir una mala situación en una buena oportunidad:

    A esta altura, si con la anterior modificación el Gaim era un amigo, ahora se convertiría en una madre. Y nuevamente, sin pérdida de información.

    Si estos cambios hubiesen sido efectivos en su momento, hoy todo el mundo estaría utilizando Linux. O al menos la gente con problemas de autoestima, o sea el 90%.Microsoft no habría sacado nunca el Windows Vista, el calor materno habría impedido la guerra en Irak, y Juan Pablo II al morir habría anunciado el arribo definitivo de “el amor entre todos los hombres”, derivando en la abolición del Catolicismo, las guerras religiosas, y Ratzinger.

    Y todo con dos líneas de texto.

    PD=Lucas, volvé.

    hace 7 años  /  0 notas