1. A por ellos, oé…

    Cómo extraño España. Hace más de tres años que me fuí, y sin embargo todavía pienso en su clima, sus ciudades y, por sobre todas las cosas, su gente. Nunca voy a olvidar aquellos dos años de mi vida que pasé en Mérida, la capital extremeña, que llegué a sentir como mía tanto como cualquier extremeño más. Para ilustrar mejor la amabilidad de estas personas, basta decir que, al mes de haber llegado yo a dicha ciudad, salí por primera vez de bares y solo me bastó entrar a un lugar, pedir mi primera cerveza y decir mi primer“hola” a un grupo de individuos, para que éstos me adoptaran como propios y así mantener una amistad que al día de hoy perdura.

    Irse a Mérida, como me fui yo, viniendo de una metrópolis de más de 13 millones de habitantes, e instalarme en una pequeña ciudad de 50 mil, era riesgoso. Caí con todo mi sudaquismo en una mochila y me encontré con una cultura muy, pero muy similar a la mía, pero alegre, feliz de vivir la vida y abierta a todo aquel que quisiera adoptarla.

    Siendo totalmente sincero, pensé en quedarme allí para siempre, mandar a la mierda mi Universidad, mis cien barrios porteños; abandonar el tango y bailar la jota extremeña. Pero lamentablemente, un día mis planes se fueron a la mierda. Allí, a comienzos del año 2006, abro el diario y leo lo siguiente:

    Lista de convocados por USA para el Mundial FIBA 2006

    LeBron James, Dwyane Wade, Carmelo Anthony, Shane Battier, Brad Miller, Dwight Howard, Chris Bosh, Elton Brand, Antawn Jamison, Kirk Hinrich, Chris Paul, Joe Johnson.

    Recuerdo haber leído esa lista dos, tres veces, tal vez más. No lo podía creer. “Estos tipos son unos pelotudos” me dije. “No llevan ningún base como la gente”. Acto seguido miré por la ventana, hacia la hermosa vista al Río Guadiana que se apreciaba desde mi departamento. Giré la cabeza, y al fondo estaba la habitación. Me dirigí hacia ahí y, con un agujero en el corazón y los ojos llenos de lágrimas, empecé a armar la valija.

    Para el que no sabe mucho de basquet, le explico: en los torneos internacionales FIBA, lo más importante es el base, el armador, mientras que en la NBA predomina más el juego interior. Al llevar bases morfones, Estados Unidos estaba sepultando su chance de medalla. No por nada el denominador común de los dos únicos primeros puestos de dicho país en la década es Jason Kidd, un armador de pura cepa.

    ¿Y por qué es importante esto? Como comenté antes, en Extremadura fui adoptado como un hijo más. También comenté que su cultura es muy similar a la argentina, pero sin sus vicios típicos. Y así como está el chiste de que un uruguayo es un argentino que nunca fue a París, bien puede decirse que un español es un argentino que nunca ganó un Mundial. Pues bien: la mera y sola razón de la bondad española radica en su fracaso deportivo.

    Sin embargo, esa bondad, el Ser Español, se fue viniendo a pique de a poco. Las señales eran evidentes: Alonso ganando carreras, Nadal sacándose los calzones del orto en la cara de Federer, Grecia ganando una Eurocopa y dando a entender que cualquier equipo de mierda puede ganar algo. Debo reconocer, sí, que su selección de fútbol en ese año no estaba ni para jugar en el Nacional B, a pesar de la excitación generalizada por haberle ganado a una potencia como Túnez, y prueba de ello es que me quedé allí durante la Copa del Mundo. Pero en el basquet… el basquet era otra cosa. Ahí había equipo.

    Y así es como volví a Argentina, mi Buenos Aires, y me senté en el sillón a ver el campeonato mundial FIBA 2006. Estados Unidos, como era de esperar, hizo agua frente a una batallante Grecia y en la otra semifinal se cruzaron España y Argentina.

    No le tenía nada de fé a mi equipo nacional, debo decir. Con unos internos ya cuesta abajo, un plantel corto y cansado, no había muchas chances de ganarle a una España muy completa, que para colmo tuvo de hijo de Argentina durante los últimos años. Así fue como España, que había ganado cómodamente todos sus encuentros, se escapaba en el marcador. Pero sin embargo, durante el último cuarto, una gran remontada ponía al mío a tiro, dándonos un final cerrado.

    La definición fue vibrante, sobre todo porque cuando las papas quemaban Pau Gasol, el mayor pecho frío del basket, hizo patria y se mandó solito al banco, en lo que pareció un asunto terminado para Argentina. Aunque para contrarrestar la situación Calderón, gran base si los hay, se acordó de que estaba jugando para España y empezó a errar tiros libres a lo loco. Conclusión: último ataque para Argentina, 1 punto abajo en el marcador. Ginóbili que penetra casi saltando en un tobillo y asiste a Nocioni que, solito, tira de 3 por el pase a la final, la gloria y la salvación de la cultura española toda.

    El tiempo que estuvo ese tiro en su parábola es inexplicable. Por un momento bastante largo me ví a mí mismo comiendo jamón del bueno nuevamente, pero por desgracia la pelota pegó en el parante, España a la final, campeona del mundo y yo haciéndome un sandwich de mortadela en la cocina.

    Puedo decir con certeza que la cultura española fue moldeada mayoritariamente por los romanos, los moros y ese tiro errado de Nocioni. Para colmo de males, en el 2008 España gana en fútbol la Eurocopa, y ya los ánimos ibéricos se fueron por las nubes. Aquella humildad tan adorable de la que me había enamorado se había ido para siempre. A tal punto que, para ilustrar, cuando hace pocos meses España pierde en la Copa de las Confederaciones contra Estados Unidos, aún en la derrota se ve esto:

    Ese asterisco es fundamental. Léase ese “Cura de humildad. Somos los número 1…”(?). Si eso es humildad, yo ya no entiendo nada. Bah, siendo argentino, ni siquiera sé muy bien qué es la humildad, pero aún a mí esa tapa ya me parece demasiado.

    Es por esto que, en vísperas de la próxima Copa del Mundo Sudáfrica 2010, les voy diciendo a todos ustedes, mis amigos españoles, que voy a hinchar por cada equipo al que se enfrente España. Les deseo, honestamente, un derrotero pleno y áspero, que muerdan el polvo contra todos, que sean humillados hasta por Nueva Zelanda. Ojalá, si Dios existe y quiere, vuelvan a ser aquellos simpáticos seres que iban a un estadio de fútbol a decir“oye tío, mira, allí está el Beckham, qué chulo”. Ojalá. Por el bien de su cultura, y porque los quiero, de todo corazón.

    hace 4 años  /  0 notas